Que los abogados trabajamos 25 horas al día no es ningún tópico. Por las mañanas acudimos a Sala, por las tardes nos entrevistamos con los clientes, negociamos con compañeros, contestamos los mil y un escritos “chorras” de los juzgados y nos preparamos los juicios del día siguiente. Por supuesto a la cama nos iremos dándole vueltas a cualquiera de los asuntos que nos ocupan.
¿Cuándo redactamos las demandas? Buena pregunta. Pero mejor la siguiente: ¿Cuándo estudiamos un caso? Porque aunque la gente no lo crea, hay asuntos muy particulares que a priori no conocemos. Hay que escudriñar la ley, la jurisprudencia, artículos, textos doctrinales, manuales (…)
Me comentaba una compañera hace un tiempo que el problema de nuestro trabajo es que no se ve. Si hiciéramos puertas, el cliente podría ir, tocarla, abrirla, cerrarla.
Pero ese no es nuestro caso. Los abogados no nacimos sabiendo lo que sabemos. No tenemos una respuesta inmediata para todo. Hemos de reciclarnos y actualizarnos al ritmo de una normativa y de unos pronunciamientos judiciales cambiantes.
Por eso no me es grato cuando compañeros que se inician en la profesión llaman a mi despacho con más o menos regularidad pidiendo por ejemplo que les facilitemos una demanda de nulidad de swaps. Sin ir más lejos acabo de recibir una, sirviéndome estas líneas a modo de “descarga”.
Unos se hacen pasar por estudiantes diciendo que es una práctica. Otros con absoluto desparpajo te dicen que no tienen ni idea.
Es cierto que los abogados más veteranos tenemos la obligación de asistir a los más nóveles. Conmigo lo hicieron y de hecho sigo pidiendo orientaciones u opiniones.
De ahí a darle a alguien una demanda de permuta de tipos de interés, va un mundo. Y me rehuso no sólo porque fomentaría la falta de esfuerzo. También porque los resultados podrían ser dramáticos, si el letrado se limita a “cambiar los nombres y fechas”, como quien dice. Puede llegar a arruinar a su cliente, ya que las costas de estos procedimientos son cuantiosas.
Cada contrato es un mundo y las circunstancias son diferentes. Es más, el éxito de estos procedimientos se alcanza con la actividad probatoria desplegada respecto a la argumentación fundamental que no única, del vicio en el consentimiento.
El conocido “clip bankinter” fue quizá el exponente más conocido de swap, pero no el único. Y son procesos muy exigentes a nivel técnico.
Con el estudio serio y constante mejora la probabilidad de tener éxito. Y la abogacía depende de resultados, esa es su grandeza y su miseria. Con un ejercicio responsable mejora la imagen pública del colectivo.
Fuente: http://raflinares.blogspot.com/2011/10/me-prestas-una-demanda-de-swaps.html
Fuente: http://raflinares.blogspot.com/2011/10/me-prestas-una-demanda-de-swaps.html
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